
Terapia Cognitivo-Conductual

A lo largo de nuestra vida vamos aprendiendo formas de interpretar lo que nos pasa y de reaccionar ante ello. Muchas de esas formas de pensar se vuelven tan automáticas que ni las cuestionamos. El problema es que algunas de ellas, aunque en su momento tenían sentido, hoy nos limitan sin que nos demos cuenta.
La terapia cognitivo-conductual trabaja con esos patrones. Identificamos juntos qué pensamientos o creencias están detrás de lo que te ocurre y exploramos formas más útiles y realistas de enfrentarte al día a día. Esto no significa que el problema seas tú o tu forma de pensar. A veces el contexto es real y difícil, y no siempre podemos cambiarlo. Lo que sí podemos trabajar es cómo afrontarlo, para que tengas más herramientas y te sientas más capaz de manejarlo.
Terapia Sistémica
Todos pertenecemos a un sistema de personas y entornos. Habitamos dentro de un ecosistema.
Ninguna persona existe de forma aislada. Todos formamos parte de una familia, un entorno, una historia compartida que influye en cómo sentimos, actuamos y nos relacionamos, aunque no siempre seamos conscientes de ello.
La terapia sistémica tiene en cuenta ese contexto. No solo lo que le ocurre a quien viene a consulta, sino todo lo que le rodea, para entender mejor de dónde vienen los síntomas y qué los sostiene.


Terapia EMDR.

A veces hay cosas del pasado que, aunque creemos haber dejado atrás, siguen apareciendo en forma de ansiedad, bloqueos o reacciones que no terminamos de entender. EMDR trabaja precisamente con aquello que quedó sin resolver y sigue dejando huella en el presente.
En sesión, buscamos juntos el origen de lo que te ocurre. Para procesarlo, se utiliza la estimulación bilateral mediante movimientos oculares, sonidos o pequeñas vibraciones alternadas. Aunque la ciencia sigue investigando cómo produce sus efectos, sabemos que puede ayudar a que experiencias difíciles pierdan intensidad emocional. Actualmente, el EMDR es una de las terapias más investigadas y respaldadas para el tratamiento del trauma y el estrés postraumático.
Terapia IFS
Todos tenemos momentos en los que reaccionamos de una forma que luego no entendemos del todo. Nos bloqueamos, explotamos, nos desconectamos o recurrimos a cosas que sabemos que no nos hacen bien. En IFS se propone que detrás de esas reacciones hay distintas partes de nosotros mismos, cada una con su propia historia y forma de protegernos.
Algunas de esas partes cargan con heridas del pasado. Otras trabajan sin descanso para que esas heridas no salgan a la superficie. Y cuando no lo consiguen, aparecen otras que intentan apagar el dolor como pueden, a veces de formas que nos perjudican.
En terapia exploramos esas partes con curiosidad y sin juicio. El objetivo es que puedas reconocerlas, entender qué intentan hacer por ti y, poco a poco, sanar lo que llevan cargando. Porque cuando lo consigues, algo cambia: dejas de estar a merced de tus reacciones y empiezas a actuar desde un lugar más sereno y auténtico.

¿A quien va dirigida mi consulta?
A cualquier persona que, en algún momento, sienta que algo no encaja y decida escucharse. No hace falta tener un diagnóstico ni llegar con todo claro.
Mi consulta no está orientada a etiquetar ni a ofrecer soluciones rápidas. Está pensada para quienes quieren trabajar en profundidad, con honestidad y con apertura, para entender de verdad qué hay detrás de lo que sienten.
A continuación encontrarás dos perfiles generales con los que trabajo habitualmente. Si no te identificas del todo con ninguno, no dudes en consultarme. Juntos podemos valorar si puedo acompañarte en tu proceso.




